
I
La calle
vestida de guerra
dirige una tragedia griega
mientras hace arder los escombros de un circo romano
II
Las voces de sarcófagos
-eco que retumba en los riscos-
de niños envejecidos por la guerra
de muertos profanados en sus tumbas
suplicio de un pueblo
que no sabe mirarse al espejo
En vez de lámparas de aceite
-en cada esquina del barrio-
hay una larga fila de cirios y ataúdes
Estelas de sal, poemario inédito que será editado este año 2026.
CUERVOS
A “Las cuchas tenían razón” y a Carlota Isabel Salinas Pérez, asesinada el 24 de marzo de 2020. Ella era una de las integrantes de la Organización Femenina Popular (OFP), que trabaja desde hace cerca de cincuenta años por la defensa de los derechos de las mujeres en el Magdalena Medio.
Un cuervo me sirve de sombrero,
me recuerda a cada instante
la fragilidad de la existencia
Sus patas, garfios afilados,
desgarran mi frente
Su pico, dispuesto a darse un permanente festín,
espera devorar mi tercer ojo,
los otros dos se los engulló hace tiempo
Su aleteo, oda a la muerte,
letanía de responsos,
réquiem que atraviesa centurias,
música de un desafinado órgano,
sus notas caen lentamente
en el jaraíz del tiempo
Su graznido, antesala del penúltimo sueño,
mensajero que vuela de la estación de la aurora
a la estación donde se oculta la luna
–a veces hace una larga escala en la aurora boreal–
Este poema forma parte de Todo lo demás lo barrió el viento, Colección Libros Imposibles de Agulha Revista de Cultura y EntreTmas Revista Digital, 2025. (Este poemario hurga en el infierno de la guerra fratricida que asola Colombia desde hace ya 70 años).
BEBEDORES DE VIENTO
Una estampida de búfalos
– bebedores de viento-
irrumpe en mis sueños
me cubro la cara para no verla
quimera que me extravía en la pradera
Sus escorzos me persiguen,
los cascos resuenan en mis oídos,
revientan mis tímpanos
La cisura del aquilón,
vacío que atrapa a la manada
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FUNÁMBULOS EN LA PÉRTIGA DE LOS DOS MUNDOS
Ser //__________________________________________________// Existir
Somos funámbulos
arrastramos los pies
en la pértiga que une las dos esferas
Somos
restos de náufragos de la montaña
restos de náufragos del tiempo
Somos
harapos de lenguas sumergidas
vástagos de dolores sempiternos
errantes perpetuos de la bruma
Somos
alientos robados por la niebla
huellas borradas por la hojarasca
-Existimos el 12 de octubre, somos invisibles al día siguiente-
Somos pueblos sin historia,
la lengua del lince de cota de malla
no la dibujó en sus crónicas
el estruendo del arcabuz silenció nuestras voces
prendió fuego a nuestras gargantas
enterró los quipus
diseminó los códices
que hablaban de los dioses
más antiguos que la cruz
que nos clavaron en la frente
Vástagos del Tiempo (Editorial Diwan Mayrit, España, 2022)
es una visión de los vencidos; en otras palabras es la historia del genocidio
de los aborígenes americanos en manos de los españoles.
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1945
Como un peregrino regreso a Oaxaca, me acompaña Margerie. En un lugar desolado, siniestro, nos tropezamos con un enorme gruyère, en realidad es una calavera taladrada por la sífilis. Vamos al Templo de la Soledad a ver a “la Virgen de los que no tienen a nadie”; terminamos el día en una taberna llamada El Ciclón. Bebo una botella de habanero, una tremenda borrachera me conduce por los zaguanes de una infernal pesadilla.
Vamos a la ciudad-cementerio de Mitla
la ciudad de los muertos que no envejecieron.
Margerie rompe un espejo, “siete años de mala racha”, nos dice un mexicano. Abandonamos Oaxaca, los demonios, aparentemente, han sido exorcizados. Una botella de mezcal sirve para celebrarlo. Me siento en un banco y me deleito a través de un arco iris. Una inmensa morriña invade mi alma. El Popocatépetl, bañado por la luz de las estrellas, me lleva en su cresta rumbo a Eridanus. El Petate, como El Farolito ocho años antes, marcó mi regreso a México.
Oaxaca, Cuernavaca,
hogueras perennes
donde mi otro yo
arde sin cesar.
Un borracho se tambalea en la calle mal iluminada
Una niña enclenque mece el cadáver de un perro muerto
En su último galope un caballo pasa desbocado.
1946
Cabalgo sobre los cuatro caballos
del Apocalipsis.
Me abandonan en una réplica
de El Castillo de Franz.
Durante siete semanas oscuros empleados me revelan el infierno del mundo burocrático. El descenso, al noveno círculo del infierno, me deja agotado.
Poseído por la vesania del mezcal
me acuclillo en la esquina del cuadrilátero
a la espera del sonido de la campana.
Ningún sonido sale de mi garganta
-enmudezco por el espacio de un otoño infinito-.
En un ritual secreto y milenario,
conjuro la poesía
-me uno a su desarraigo, comprendo su desgarramiento-.
El hechizo devuelve mi voz
y arrebata para siempre
lo que me quedaba de cordura.
Huyo de la máscara de señorito
rechazo la compañía del Lord y el trabajo de oficina
me refugio en el desposeído
encuentro alivio en el loco
salgo de farra con un marinero.
El miedo a la sífilis me acosa,
lo olvido con una botella de alcohol.
Canta marinero canta
Canta marinero canta
Canta marinero canta
Me interno en un corredor lúgubre
abro la puerta del vértigo
del envilecimiento mismo de la existencia.
En un rincón
un feto humano en descomposición.
Al lado de la ventana
algo siniestro se mueve entre las sombras
es la sombra misma.
Su respiración
halo gélido
su fulgurante mirada
carbón enrojecido, huellas de ceniza.
Salgo a escena disfrazado de gladiador fracasado
en la tribuna, el César de turno
en las gradas, la turba delirante clama mi muerte.
Una vorágine de visiones
atenaza mi garganta.
Canta marinero canta
Canta marinero canta
Canta marinero canta
Para seguir rememorando abro la bolsa de tabaco, la huelo, la contemplo, lleno la pipa, la enciendo, la fumo con deleite. ¿Dónde iba? Escribir, escribir, escribir, combatir el aniquilamiento, la desesperanza, el terror; para cruzarlos de nuevo en mi camino con cada copa, botella o noche de jarana o de delirium tremens. Me alejo dando tumbos, arrastro los pies. Soy una caricatura famélica. Porto un viejo pantalón grasoso, lo ato con una corbata; la camisa está eternamente sudada y maloliente. Mis viejos zapatos han perdido su brillo y me niego a usar medias. Para ocultar mis ojos enrojecidos, pero sobre todo para evitar la luz que hiere mis pupilas, llevo siempre unas enormes gafas oscuras. Ese es el Cónsul y ese soy yo, Malcolm Lowry. Siento un calor húmedo recorrer mis muslos, mojar mis pies sucios, la micción ha pasado desapercibida.
Me doblo en dos,
el volcán
en la boca de mi estómago
explota.
La lava borra
la sonrisa ficticia
que colgaba de mis labios.
Bajo un cielo tormentoso
un albatros planea el horizonte
en picada desaparece detrás del oleaje.
Dejo atrás a Malcolm Lowry
me convierto en el Cónsul.
La Euménides me arrojan contra las rocas
La marea me arrastra por el acantilado.
-Despierto en la litera pensando en Yvonne y en las cartas que nunca leeré-.
DIOS DE LOS OJOS CONGELADOS
Soy un cautivo
de mi propia verdad
sólo a ella temo.
Escapo de mí mismo
en el reflejo borroso de las gárgolas.
Dios de los ojos congelados
Me han maldecido como al Capitán Ahab. Compartimos la obsesión, él por Moby Dick y yo por la literatura y el alcohol.
Malcolm Lowry duda de Malcolm Lowry
Soy el artesano de mi propio ataúd
y Señor de todos los mares.
En este encierro metafísico
pierdo mi astrolabio
soy Diógenes
en el doblez de la tiniebla.
Vago por las breñas de la desesperanza
Condenado a navegar por espejismos,
me rindo en mi sola angustia.
Detrás del mostrador
velada
Némesis me contempla
mientras prepara el brebaje.
Sus ojos me miran desde el fondo del bar
no hay escapatoria posible
ella lo sabe.
Reo ausente condenado al destierro
Mi obra es un faro de tinieblas y angustia, algunos autores salen del agujero con sus libros; yo, en cambio, me hundo, ineluctablemente, a medida que escribo.
Cavo un túnel
rompo los barrotes
escapo de la celda.
Pero,
¿Cómo me evado de mí mismo?
Del poemario Endechas del último funámbulo, sobre la vida y obra de Malcolm Lowry. Colección Libros Imposibles (colección virtual) de Agulha Revista de Cultura y EntreTmas Revista Digital, 2025.

Berta Lucía E. Estrada
Julho de 2026
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